1/22/2006

JAVI


23 enero 2005... El comienzo de una relación... Bueno, realmente relación había ya desde hacía un tiempo. Un primer beso, un primer abrazo, una primera caricia, un primer "te quiero", la sensación de tener el estómago lleno de mariposas... A pesar de que ya ha pasado un año desde que empezó todo esto en plan "serio" no se he apagado la llama, sino que se ha intensificado; aún perdura la picadura del bichito del amor (jijiji).
Sé que hay gente con prejuicios, que piensa que el "cruce de razas" no es normal, gente que nos puede mirar raro, pero...¿importa todo eso cuando estás con la persona a la que TÚ quieres? NO, porque es la persona que cada uno elige libremente.
El nombre es lo de menos. En mi caso se llama Javi, pero para otras personas ese "alguien especial" se puede llamar Víctor, Alex, Iván, Bea, Adrián, María, Alberto, Jaime...

JAVI TE QUIERO

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay una historia que me gustaría compartir contigo, Berit:

Al principio ella y yo éramos dos desconocidos. Ella era una persona más una más entre millones de personas. Nada de lo que le ocurriese a uno afectaba al otro. Pero un día nos presentaron. Me presentan a mucha gente pero normalmente no me suelo acordar de sus nombres. En ocasiones ni siquiera recuerdo sus caras. Pero cuando nos presentaron, no se me olvidó su nombre, ni su cara. Es más, la siguiente vez que nos vimos nos reconocimos. Me caía bien. No hay mucha gente que me caiga bien, pero en su caso es especialmente raro porque me cayó bien desde el momento que la conoci. Desde un principio percibí, quizá inconscientemente, algo en ela que me gustaba. Créeme, eso es muy inusual.

Cuando nos encontrábamos por ahí casualmente, me alegraba porque la suya era una compañía que me resultaba grata. Pero con el tiempo, esa chica con la que me gustaba encontrarme pasó a ser una chica con la que me gustaba estar. Los encuentros eran cada vez más frecuentes, y ya no eran casuales, sino buscados. Me gustaba compartir el tiempo con ella, me sentía bastante a gusto. Una desconocida, una más entre millones de personas, se convirtió en una amiga, una persona entre un pequeño grupo de personas a los que tengo el honor de considerar amigos.

No pasó mucho tiempo hasta que esa amiga empezó a atraerme de manera especial. No estaba seguro de qué era. Me gustaba hablar con ella, mirarla, hacer el idiota con ella. Diablos, me gustaba jugar con ella como jugaba cuando era un niño pequeño. ¿Será que jugaba así con ella porque era la forma en que me podía mostrar tierno con ella?¿Acaso era porque así podía contemplar la ternura en sus ojos?¿Por qué me gustaba tanto jugar con ella?¿Por qué me metía con ella como hacen los críos en el patio del colegio? Cuando empecé a hacerme estas reflexiones me asaltó la duda: ¿no me estaría quedando pillado? Efectivamente así era. Y al parecer el sentimiento era mutuo. Las señales sutiles y las no tan sutiles eran correspondidas. El juego infantil empezó a ser un juego adolescente, un juego de picaresca, un juego de seducción... y llegó el primer beso.

Un beso perfecto, jamás lo imaginé así. El tiempo se detuvo un momento. Entonces se marcó un antes y un después. Desde ese momento ha habido momentos inolvidables, tanto buenos como malos, pero inolvidables, sin duda. Momentos que hacen que la vida merezca la pena ser vivida. Era inevitable terminar reconociéndome a mí mismo que me había enamorado de ella. Eso me ha traído muchos momentos de alegría pero también de dolor, muchas lágrimas de alegría y también de tristeza. Me alegro infinitamente de todas y cada una de esas lágrimas, todas ellas me enseñaron algo y me demostraron que estoy vivo y tengo corazón.

Pasaron los malos momentos y ocurrió lo que más deseaba en el mundo. Podríamos estar juntos por fin, ella y yo. Nada podía alegrarme tanto como eso. Todavía me emociono cuando lo pienso. Me siento feliz de poder estar con ella.

Al principio te he dicho que quería compartir una historia contigo, pero no me refería a ésta que acabo de contarte, sino a la historia que viene detrás de esta historia. La que cuenta cómo seguimos juntos amándonos más cada día y cómo cada uno consiguió sentirse un poquito más feliz con la ayuda del otro.

Hay millones de personas en el mundo, sólo unas pocas han llegado a ser especiales para mí, y sólo existe una, sólamente una entre los millones de personas que existen en el mundo, con la que yo quiera estar. Tengo la inmensa suerte de estar con ella. No podría sentirme más feliz de ninguna otra manera.